Llevo un mes exactamente sin escribir en el blog, un mes justo, y han pasado muchas cosas.
En cuanto al pisito que compartiremos Marta y yo en breve (a ver si es verdad…) las obras ya están próximas a finalizar, ahora pintores, carpintero (¡¡¡que caras son unas puertas para un armario empotrado!!!) y muebles… no veo el momento.
Y por otro lado, en mi trabajo las cosas van muy bien, pronto comenzaré una nueva etapa mucho más interesante donde podré desarrollar proyectos que me llenan más, probablemente ganaré más dinero y tendré más tiempo. En mi escritorio se acumulan los folios con proyectos por comenzar, presupuestos por concretar…
Pero al final, a pesar de proyectos ilusionantes y planes de futuro, mientras Marta no sea feliz y empiece a sentirse realizada con lo que hace yo no puedo sentirme bien. Sigo sintiéndome responsable, culpable en buena medida de que las cosas estén como están… cometí el error de no irme a Alemania con ella y vivir esa experiencia juntos, sé que ella me lo perdona (no sé en su subconsciente, en su fuero interno) pero yo no puedo, por más tiempo que pase. Me martillea.
Ese fue mi error y puede que lo siga siendo ahora. Tendríamos que irnos por ahí para que ella encontrase un trabajo que le ilusionase y fuera feliz pero a mí me gustaría volver a Sevilla algún día y siempre nos volveríamos a encontrar con el mismo problema al llegar, no encontramos en Sevilla algo que le haga sentirse bien.
Muchas veces le digo que ella no debería estar conmigo sino con un fotógrafo aventurero que recorre el mundo, que pasa la vida viajando, que es lo que quiere hacer ella. Eso quiere hacer ella y mientras esté conmigo no sé si algún día lo hará, luego puede que nunca se sienta realizada.
Sólo quiero dormir abrazado a ella cada noche…y verla feliz… y no sé si soy la persona idónea para conseguirlo. Me siento muy mal.