Rebuscando entre documentos, ordenando cosas, encontré esto. Lo escribí el domingo 22 de enero del año 2006, a mi vuelta de un finde en Londres. Habíamos quedado Marta y yo para continuar con la sana costumbre de vernos al menos una vez al mes, mientras ella estuviera trabajando en Alemania. La de cosas que han pasado desde entonces y cómo han cambiado la vida… ¿o no?

Hoy han pasado varias cosas y todas ellas importantes. Todas ellas afectan profundamente a mi vida, a lo que pienso de ella y a la forma de adaptarme a las situaciones y llevarla adelante.

Todas han puesto un signo de exclamación delante mía, llamando mi atención y perturbándome diciendo “Aquí estoy porque he pasado” y transformándose después en un signo de interrogación para espetarme “¿Y ahora que?”

Una ha sido darme cuenta de que, o bien debo tomarme mi trabajo de otra forma o bien sencillamente no es mi trabajo. Hasta ahora siempre que tenía un mal día o estaba un poco bajo de moral pensaba que era lo segundo. Y lo sigo pensando. Pero hoy me he visto a mí mismo triste, desmotivado y sin ganas más que de irme a mi casa. Mi trabajo no me llena pero ¿Podría hacer algo más para cambiar la situación?, ¿Me estoy dejando llevar? No me siento con fuerzas para dar la vuelta al clima de desconfianza de mi jefe y después de 2 años trabajando no quiero seguir a prueba, ser el eterno aprendiz. ¿Me estoy acomodando?

La segunda es el viaje en el cual estoy inmerso, camino de Londres para encontrarme con mi novia a la que no achucho desde hace 2 meses. Todo saldrá bien y, aunque las bienvenidas después de tanto tiempo son raras, seguro que todo sigue viento en popa.

Lo que me ha llamado la atención es una frase de mi padre a mi madre mientras se despedían de mí en el aeropuerto. Ella trataba de reanudarme la bufanda a la bandolera para que no se cayera, yo le he dicho que estaba bien sujeta y mi padre ha concluido: “Déjalo, no ves que está más acostumbrado que nosotros a viajar”.

Es cierto. Ellos creo que no han cogido un avión en su vida y apenas han salido de Sevilla. Hace poco fueron a Madrid para visitar a mi hermano y conocieron la capital y este domingo irán a Jerez a echar el día y recogerme en el aeropuerto. Espero que se vayan animando a viajar, aunque sea cerca, pero que se muevan, el que deja de moverse es porque está muerto.

Mi generación está acostumbrada a viajar y estudiar idiomas, a estar muy informado (aunque sea de tecnología y moda en vez de cultura y política). ¿Cómo será la próxima generación? Me intriga muchísimo.

Lo tercero y último es que ha muerto un tío abuelo mío al que mi padre tenía un especial cariño. Tenía 88 años y ha muerto en su cama, sencillamente no se despertó.

Dice mi madre que ha sido “una muerte dulce” y a continuación ha comentado que su padre cumplió 32 años ayer mismo. 32 años desde que se murió y sigue emocionándose. Y 30 años de casada. Y 3 hijos de 29, 27 y 25 años. No han viajado pero vaya si han vivido. Y no nos han faltado nunca, nunca. Da pánico ver como pasa el tiempo.”

Escribe un comentario

*
*