Siempre que llego a casa lo primero que hago es ponerme música, me encanta hacer cosas oyendo a mis artistas favoritos, a ser posible con el volumen bien alto. Ayer hice eso con el disco “Dreaming Wide Awake” de Lizz Wright, que se merece post aparte, y me sucedió una cosa que hacía mucho que no me pasaba, una sensación que tengo muy de cuando en cuando y que es maravillosa.
Cuando me pasa escuchando música, tengo que dejar lo que esté haciendo y sentarme, concentrarme en el momento, cerrar los ojos y dejarme llevar por el sonido. Es una sensación diferente, muy especial.
Es como toparse con una cara conocida entre mucha gente, reconocer a alguien. Esa alegría de ver a alguien que hace mucho que no ves o incluso alguien desconocido pero que te impacta, que se sale del mar de caras con el que te topas. Y que esa persona sobresalga entre la muchedumbre y te mire a los ojos. Y que te sonría. ¿Lo habéis sentido?
